martes, 19 de abril de 2016

EL CEREBRO ADICTO



INTRODUCCIÓN

En la actualidad existen infinidad de sustancias que crean adicción en los seres humanos, comúnmente llamadas drogas, creando así la conocida drogadicción,  hasta hace unas décadas se consideraba  a la drogadicción como un problema moral y de falta de voluntad. Hoy en día se reconoce como una enfermedad y se sabe cómo tratarla.
La sustancia de la adicción puede variar, pero la respuesta conductual es similar, ya que todas estas adicciones provocan la misma reacción química en el cerebro.

Existen una amplia variedad de sustancias, algunas legales y de fácil acceso como lo es el alcohol y el tabaco, sin embargo dentro de esta misma gama, existe una que es de fácil acceso, con venta desmesurada y sin ninguna restricción de venta para su consumo, es consumida por niños desde una edad temprana hasta adultos mayores, las enfermedades derivadas por su consumo son amplias y la tasa de enfermos va en aumento: El azúcar.



DESARROLLO


Cuando la ciencia empezó a estudiar la conducta adictiva en la década de 1930 se pensaba que las personas adictas tenían una moralidad deficiente y carecían de fuerza de voluntad. A raíz de importantes descubrimientos que empezaron en la última década  del siglo pasado, se ha ido transformando nuestra comprensión de las adicciones.  La adicción se considera hoy una enfermedad del cerebro porque las drogas modifican la química, la estructura y el funcionamiento de ese órgano.   

"La adicción es una enfermedad que progresa por etapas", puntualiza en entrevista el doctor Rubén Baler, científico de la salud de la Oficina de Políticas Científicas del NIDA. Baler explica que en la primera etapa las personas utilizan sustancias para alcanzar la euforia que brindan, pero este consumo de drogas se convierte muy rápido en enfermedad en quienes las utilizan en forma crónica. El cerebro empieza a adaptarse a la sustancia y aparecen los primeros signos de dependencia. He aquí algunos signos que sugieren adicción: consumir la droga de manera regular, imposibilidad de dejarla, gastar en droga más de lo que se tiene, extralimitarse para obtener droga (incluso robar) y sentir que se necesita la droga para funcionar cotidianamente.

Cuando se abusa de las drogas se alteran algunas zonas del cerebro como el tallo cerebral, que controla el ritmo cardiaco, la respiración y el sueño; la corteza cerebral, que procesa la información sensorial y nos permite pensar, planear, resolver problemas y tomar decisiones, y el sistema límbico, donde se aloja el llamado circuito de recompensa del cerebro. 

La mayoría de las drogas interfieren con la actividad de un neurotransmisor llamado dopamina, que desempeña un papel fundamental en las sensaciones de placer. "El cerebro está condicionado a repetir conductas que permiten la supervivencia y las drogas actúan produciendo una activación mucho mayor de la que ocurre en las situaciones naturales de recompensa", explica la doctora Medina Mora. "El cerebro pierde la capacidad de sentir placer por las recompensas naturales, pues se acostumbra rápidamente a las dosis masivas" de dopamina que se producen al consumir una droga, y lo hace reduciendo su producción natural, o bien disminuyendo la cantidad de receptores que captan la señal de este neurotransmisor. Así, cuando falta la droga el cerebro ya no cuenta con dopamina suficiente y la persona deja de disfrutar cosas naturalmente placenteras, lo que conduce a la apatía y a la depresión. "Cuando el cerebro comienza a adaptarse a altos niveles de dopamina, el individuo tiene que usar más y más droga para obtener el mismo efecto", añade Rubén Baler. Es decir, se desarrolla tolerancia a la droga. En el individuo que ha llegado a esta etapa, la falta de droga provoca el llamado síndrome de abstinencia, con síntomas como ansiedad, irritabilidad, náuseas, insomnio, episodios de sudoración, temblores y psicosis, y puede llevar a la muerte.

Entre las sustancias más consumidas son las drogas legales como el alcohol y el tabaco, posteriormente tenemos las ilegales marihuana, cocaína, éxtasis, heroína y una infinidad de drogas de diseño.

Sin embargo hay una sustancia igual o con mayor adicción a estas, su uso va desde los más pequeños hasta los mayores, no existe ninguna restricción en su venta, muchos productos la usan en sus ingredientes y el problema de salud va en aumento, es cinco veces más adictiva que la cocaína, esta es el azúcar.




En 1972, John Yudkin, autor de Azúcar, pura, blanca y mortal, denunció los efectos nocivos de este ingrediente. Su problema: Nadie lo escucho… De acuerdo con su rigurosa investigación, encontró que existía una fuerte correlación entre numerosas enfermedades y la elevada ingesta de azúcar. Por ello, en una ocasión sentenció que: “Si tan sólo una pequeña fracción de lo que conocemos acerca de los efectos del azúcar fuera revelado en relación a cualquier otro material usado como aditivo alimenticio, ese material se prohibiría de inmediato.”

Muchos estudios sugieren que estamos programados para desear el azúcar en un nivel instintivo, ya que desempeña un papel vital en nuestra supervivencia. Nuestro sentido del gusto ha evolucionado para codiciar las moléculas esenciales para la vida como: la sal, grasa y azúcar.

Cuando comemos, la glucosa, un azúcar simple, es absorbida desde los intestinos hacia el flujo sanguíneo y distribuida a todas las células del cuerpo.

La glucosa es particularmente importante para el cerebro ya que es el único combustible para las 100 mil millones de células nerviosas llamadas neuronas, que necesitan un abastecimiento constante del flujo sanguíneo porque no tienen la capacidad de almacenar glucosa ellas mismas.

Los científicos descubrieron que incluso el mero sabor del azúcar puede estimular al cerebro. Algunos experimentos han demostrado que los participantes que se enjuagaban la boca con agua azucarada realizaban mejor tareas mentales que cuando hacían gárgaras con agua endulzada con edulcorante artificial.

Un estudio reciente de la Universidad de Washington, Estados Unidos, encontró que los recién nacidos tienen una marcada preferencia por los sabores dulces en contraste con otros sabores, y que los niños disfrutan de la comida azucarada mucho más que los adultos, se cree que la preferencia de los más pequeños por las cosas dulces es un vestigio evolutivo: en tiempos pasados, los jóvenes que preferían alimentos ricos en calorías tenían probablemente más posibilidades de sobrevivir cuando escaseaban los alimentos.

El problema hoy en día es que el azúcar refinado está fácilmente al alcance de todos, y esto puede ser una de las razones por las que la obesidad infantil ha aumentado.

Los profesionales de la salud recomiendan a los padres que eviten dar a los bebés cosas dulces para comer o beber para intentar que no desarrollen esta preferencia a muy temprana edad.

¿Por qué algunas personas se dan atracones de azúcar?


Comer demasiada azúcar puede llevar a tener hábitos de alimentación poco saludables. Sin embargo, el azúcar puede levantar el estado de ánimo porque hace que el cuerpo segregue serotonina, la "hormona de la felicidad", en el flujo sanguíneo.

El impulso anímico instantáneo que produce el azúcar es una de las razones por las que nos volcamos a las cosas dulces cuando queremos celebrar o cuando ansiamos un premio o un consuelo.

Pero este agradable subidón desencadena un aumento de insulina, que sirve como reguladora en los esfuerzos del cuerpo por mantener la glucosa en la sangre a un nivel normal.
Esto puede tener el efector colateral de provocar una hipoglucemia reactiva que hace que muchos deseen aún más azúcar, lo que puede conducir a un ciclo de atracones.

Nuestro cuerpo no es capaz de decir si hemos consumido la cantidad suficiente de ciertos tipos de azúcares. Los investigadores hallaron que los alimentos y bebidas endulzados con fructosa, otro azúcar simple, no provocan la misma sensación de saciedad que otras comidas con las calorías similares, la fructosa influye en la leptina, una hormona que controla la sensación de hambre. El consumo crónico de fructosa provoca resistencia a la leptina, lo que contribuye a que una persona pierda el control sobre el hambre,

Un estudio de la Universidad de Yale encontró que mientras la glucosa reprime la parte del cerebro que nos da ganas de comer, la fructosa no lo hace. Por eso aumenta el riesgo de comer de más.

Muchas comidas procesadas se endulzan excesivamente con sacarosa, que contiene 50% de fructosa. De hecho, es sorprendente la cantidad de azúcar escondida en alimentos comunes.


Consecuencias del consumo de azúcar



1.    Deterioro de las cavidades dentales.
2.    Hambre descontrolada
3.    Aumento de peso
4.    Diabetes
5.    Obesidad
6.    Esteatosis hepática o hígado graso
7.    Cáncer de páncreas
8.    Insuficiencia renal crónica
9.    Hipertensión arterial
10. Malnutrición
11. Gota

De acuerdo con el profesor Yudkin, el azúcar no sólo es un aliciente del sobrepeso y la caries, sino también la causa de otras enfermedades crónicas: como el cáncer, el Alzheimer, aterosclerosis, hipertrigliceridemia la diabetes y padecimientos cardiacos. Dado que no contiene vitaminas, minerales ni proteínas, el azúcar aporta energía de “calorías vacías”; en consecuencia, absorbe las reservas orgánicas que el cuerpo contiene para el proceso de digestión, como los minerales, la vitamina B, aminoácidos, etcétera. Además, al ser un elemento adictivo, interfiere con el apetito creando una urgencia irresistible a seguir comiendo.

Desde 1980, el índice de obesidad ha ido en aumento a nivel mundial. Alrededor de 1 400 millones de adultos viven en condición de sobrepeso; mientras que 200 millones de hombres y 300 millones de mujeres, son obesos. En 2010, la Organización Mundial de la Salud denunció que cerca de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.

CONCLUSION

Nuestro cuerpo no puede distinguir entre el azúcar natural de la fruta, la miel o la leche o el azúcar procesado a partir de caña de azúcar o de remolacha.

Todas las azúcares son descompuestas en glucosa y fructosa por el organismo y se procesan en el hígado. Se convierten en glucógeno o grasa para almacenar, o se mantienen como glucosa en la sangre para ser utilizada en las células del cuerpo. Por lo tanto, es la cantidad que se consume la que hace la diferencia.

Las grandes corporaciones alimenticias no se enfocaron en un bienestar común de la población, sino en el dinero. El negocio es envenenar a la población con comida procesada bajo el disfraz de ser un producto saludable. 

De acuerdo con el National Health Service (NHS), el servicio público de salud británico, las azúcares añadidas no deberían aportar más de 10% de la energía que obtenemos de alimentos y bebidas cada día, sin importar si proviene de jugo de frutas, miel, mermelada, gaseosas azucaradas o comida procesada.

Esto se traduce en unos 70g por día para hombres y 50g para mujeres, aunque depende mucho de la talla, edad y estado físico. 50g equivalen a 13 cucharaditas de azúcar al día, o dos latas de gaseosas u ocho galletas de chocolate.

Al hacer la compra, merece la pena recordar que un producto es alto en azúcar si contiene más de 15g en 100g y es bajo en azúcar si tiene menos de 5g en 100g.

¿La solución?

De acuerdo con los productores del documental, apoyado por el Dr. Lustig, es necesario no sólo tomar consciencia de lo que está sucediendo, sino también es importante controlar el consumo de los productos.

A partir de un modelo de leyes y de regularización, es posible romper con la mafia de las corporaciones alimenticias. Una de las propuestas es informar y motivar a la población a reducir el consumo de azúcar. De lo contrario, en un futuro, las generaciones que vienen vivirán en un estado de inmovilidad y enfermedad.

REFLEXION
Elegí este tema porque me parece interesante la forma en la que el cerebro se hace adicto a diversas sustancias, cosas o cuestiones, no solamente a lo que comúnmente conocemos o ubicamos como drogas, siendo la definición de la misma como una sustancia que puede modificar el pensamiento, las sensaciones y las emociones de la persona que la consume

A partir de esta lectura de El cerebro adicto, me pareció interesante relacionarlo con un artículo que hace poco leí: La impactante reacción de tu cerebro cuando dejas el azúcar, y como los primeros días de no consumirla existe una ansiedad, cansancio, mal humor, síndrome de abstinencia, parecida a la de un adicto a las drogas en rehabilitación, lo difícil que es en la actualidad encontrar productos libres de esta sustancia lo que hace mas difícil el llevar una dieta saludable y sobre todo genera una cantidad de enfermedades  mucho mayor a las provocadas por consumir otro tipo de sustancias, sin embargo su consumo no es prohibido y está en prácticamente todos los productos, incluso los salados, creo que es importante difundir esta información para hacer conciencia y reducir su consumo, para hacer una disminución en la tasa de las enfermedades provocadas por el mismo.

FUENTES







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